Una Línea Imaginaria, 2016.




Línea Pétrea






Línea Quemada






Horizonte Contenido






3 Momentos, 3 Lugares, 1 Horizonte









Horizontes Impresos






 Línea Fragmentada









En Lontananza






Una Línea Imaginaria






Vistas generales de sala






















- Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, Sala 8, Caracas.
21 de Mayo - 11 de Septiembre 2016


La naturaleza siempre ha ejercido un poder subyugante sobre el hombre, quien a su vez ha manifestado una sensibilidad automática frente a ese influjo. La mirada del artista no ha sido ajena a ese dominio y su actitud creativa ha dado origen al paisaje. Según Raffaele Milani «El paisaje es una forma espiritual que funde visión y creatividad; porque cada mirada crea un ‹paisaje ideal› en nuestro interior. (…) Se trata de un proceso psíquico que unifica la experiencia estética, algo que se da inmediatamente, tanto como acto de la visión y de los sentidos como acto del sentimiento»[1]. Bajo estos criterios se concibe la representación que el artista hace de la naturaleza a partir de los lugares reconocidos, los datos concretos, la memoria, las emociones, el gusto; una información que, como producto de su devenir histórico, es utilizada para constituir un «todo» entendido desde la complejidad de las relaciones culturales establecidas con    aquello que es externo al ser humano.

Hayfer Brea reflexiona sobre el paisaje en cuanto argumento estético de la naturaleza y objeto de representación artística, lo que implica en su caso la interpretación formal y conceptual de la geografía venezolana. Un tema con importantes capítulos desde 1799, momento en el que desembarcan en el territorio nacional Alejandro von Humboldt y Aimé Bonpland y, progresivamente en el tiempo, otros destacados científicos, naturalistas y pintores europeos que desde la mirada extranjera documentan con textos, dibujos y pinturas los lugares, la flora, la fauna y los modos de vida de los pobladores. Estos precedentes sirven de  referencia a los pintores del Círculo de Bellas Artes (1912) para instaurar una manera y una estética en el paisaje pictórico hasta entonces inexistente en el panorama local. Brea es un legítimo heredero de ese pasado histórico. La presencia del Ávila como principal referente natural de su Caracas natal, y la cercanía al litoral han terminado por convertir la montaña y el mar en leit motiv de una obra sólida y lúcida en constante evolución.

El artista acumula más de quince años de búsqueda incesante de nuevas vías para pensar y concebir el hecho creativo. En esta tarea han sido muchos los ensayos plásticos en los que evidencia el interés por el concepto, la vinculación con el ámbito intelectual y las asociaciones con la lingüística. La obra de arte adquiere así un carácter exploratorio y abierto que se constituye en factor desencadenante de un proceso estético, no en un fin en sí mismo, sino en medio, en proyecto. En el marco de estas premisas afines al conceptualismo, la obra actúa como un «agente productor de significado» capaz de transformarse en un elemento semántico orientado a «demostrar» que el arte no es el objeto que lo soporta o encarna, sino la idea que lo genera. Esto hace al «objeto artístico» susceptible de distintas aplicaciones metodologías en tanto proposición analítica.

En esta ocasión Hayfer Brea plantea una aproximación al paisaje a través del concepto de horizonte, un vocablo que proviene del griego orixo y significa terminar o limitar. En su acepción más común describe la línea que visualmente parece marcar —aunque se trata solo de una percepción irreal— el confín entre la tierra y el cielo o entre la tierra y el mar, si estamos situados en la superficie de la tierra o en sus aguas, respectivamente. A finales del siglo XVII la literatura lo libera de la noción de «límite» para asociarlo a la de «extensión» y lo presenta como un espacio inalcanzable en su largo camino al infinito. Un lugar indeterminado en la lejanía. Un plano que inventa el ojo cuando percibimos algún paisaje. Esta concepción de «suprema infinitud» impregna buena parte de la cultura europea de los siglos XVIII y XIX.

Brea afronta el horizonte desde la «línea imaginaria» que esboza la superficie del agua, lo que supone el estudio y la representación referencial de algunas de nuestras fuentes hídricas más caudalosas: los lagos de Valencia y Maracaibo y el mar Caribe. Con este propósito, actúa guiado por el placer del viaje y la observación razonada de la naturaleza; una actividad en la que el entorno impone un sistema de relaciones que involucran lugar, espacio y tiempo, y el horizonte se convierte en una presencia inconmensurable que demanda ser representada. Esta experiencia lo induce a desarrollar un trabajo creativo sustentado en los fundamentos teóricos y la libertad formal con la que asume la obra de arte. Una mirada actual en la que el artista, más allá de la belleza natural per se, plantea una retórica visual encauzada a intelectualizar e interiorizar la naturaleza.

Esta dinámica genera una representación sensible del paisaje como reproducción y transfiguración del ambiente. En el primer caso mediante registros audiovisuales y fotográficos que comportan una suerte de acción performática, un «relato» donde el recurso lingüístico —como enunciación tautológica― remite a la autorreferencialidadde la obra y al reconocimiento del contexto. El segundo responde a la subjetividad del autor para interpretar la realidad ―por medio de materiales inherentes a la naturaleza: carbón, piedra, agua― como gesto expresivo y discursivo. De esta manera, las imágenes potencian el horizonte marino como sujeto de la investigación plástica y objeto de contemplación; un reflejo del poder evocativo del agua y la atmósfera como entidades imponderables. Escenas panorámicas que arroban por su sublime desmesura, o esquemas «instalativos» que definen una síntesis proverbial de las formas. En estos términos, el paisaje «como constructo» viene precedido de ideas cuya realidad se hace más o menos concreta o abstracta en la medida que construyen sentido y significado para acceder a nuevos valores y expectativas.

Las prácticas procesuales revelan la capacidad inventiva del artista para proponer un discurso visual acotado entre los márgenes conceptuales del paisaje. Mientras, desde otra dimensión, nos convida como espectadores a ubicarnos en un punto del espacio expositivo en el que el horizonte de las obras ocupan el nivel de la visión, un fenómeno dirigido indefectiblemente a la percepción de la línea imaginaria que, bajo diversas consideraciones plásticas y técnicas, aspira a producir una emoción estética. Así, el universo paisajístico de Hayfer Brea queda signado por una serie de situaciones, vivencias y documentos que componen la estructura conceptual y metodológica, y el objeto artístico procura alcanzar la cualidad poética propia de la naturaleza.
[1] Raffaele Milani, El arte del paisaje, Editorial Biblioteca Nueva, S.L., Madrid, 2007, p.51.

Luis Velázquez
Caracas, mayo de 2016



Inmensidad azul. Azul tendido
Hacia todos los rumbos de lo ignoto:
Ilímite presencia del olvido.
Cristalino país de cielo roto.
Pedro Antonio Vásquez

Desde hace más de cinco años, he centrado mi trabajo en la posibilidad de ver,  estudiar y representar los cuerpos de agua, en especial los de nuestros dos grandes lagos y el mar Caribe. Esta obra tiene su origen en ideas simples, desarrolladas con todo el rigor investigativo y sus consecuentes reflexiones, fundadas en el carácter procesual donde confluyen la noción de índice y la acción performática para generar un grupo de trabajo amplio y diverso.
En paralelo, me he concentrado en el concepto de horizonte, esa línea imaginaria íntimamente relacionada con el paisaje, límite visual en que el cielo parece unirse al mar, o a la tierra. A partir de allí, han surgido una serie de obras donde la línea horizontal, la palabra y el mar actúan como recursos expresivos convergentes que interactúan discursivamente entre sí.
Por un lado, realizo unos juegos perceptivos donde lo aparente, lo constante, lo sonoro y lo espacio-temporal se trastocan. Se pone en duda aquello de que informan los sentidos y se dinamiza la contemplación. Induzco al espectador a ir más allá de las convenciones: a permitirse ser sorprendido por una línea que se dibuja a sí misma, a ordenar una composición dinámica con un solo ritmo visual,  a dejarse envolver en una experiencia que lo transporte a otro ambiente,  a traspasar los límites físicos y temporales de la imagen representada.
Por otro lado, me sirvo de la palabra escrita para generar otras lecturas. Ya sea, reiterando la idea de horizonte en diversas definiciones que construyen un paisaje tautológico; ya sea, mostrando la palabra como un cuerpo tangible que se atraviesa con la mirada para (re)verse; o situándola en el mar, remarcando con su flotabilidad lo incierto de su ubicación real. Asimismo, utilizo la doble imagen poética de la linealidad pétrea para eternizar su existencia y la contención física de su elemento para expresar su inconmensurabilidad.
El horizonte es intuitivo —Eugenio Montejo dixit—, y en tal dirección me he dejado llevar en una aventura creativa por un vasto mar, pleno de posibilidades infinitas, a ver dónde me deja tendido con mis resoluciones visuales.

Hayfer Brea
Caracas, mayo de 2016


El horizonte babélico de Hayfer Brea

Como una línea que atraviesa lenguajes diversos, una frontera que cruza con la fuerza de la reflexión, un horizonte en el que el pensamiento considera las miles de posibilidades de una mirada que se despliega – que aspira – a conquistar lo indescriptible, la nueva individual de Hayfer Brea (Caracas, 1975) organizada en los espacios del MAC / Museo de Arte Contemporáneo de Caracas traza un recorrido poético donde «el cielo parece unirse al mar, o a la tierra» y se convierte en purísimo azul, vacío sereno, íntimo vértigo del infinito. Partiendo de algunos versos de Pedro Antonio Vásquez (Inmensidad azul. Azul tendido / hacia todos los rumbos de lo ignoto: / ilímite presencia del olvido. / cristalino país de cielo roto) el artista organiza Una línea imaginaria que se nutre de intervalos elegíacos, que mezcla los varios lenguajes del arte (desde la fotografía al vídeo, de la impresión sobre papel a la instalación) para diseccionar analíticamente el espacio y ofrecer un nuevo confín entre el cielo y la tierra – Horizonte contenido (2016) es realmente una obra cautivadora –, una nueva distancia, una nueva e inquieta lejanía. Fruto de un proyecto geo-hídrico quinquenal que nace del análisis del lago de Maracaibo (Coquivacoa), del lago de Valencia (o de Tacarigua) o del Mar Caribe, el nuevo trabajo de Hayfer Brea se concentra, en paralelo, en un programa que coloca en el centro de su discurso «el concepto de horizonte» estudiado en todas sus varias declinaciones para ofrecer al espectador la gramática misma del horizonte, su ligereza, su desasosiego.

Setenta y nueve piedras recogidas y apoyadas sobre la pared para formar, gracias a sus vetas naturales, una línea delicada y tenue (Línea pétrea, 2016), cuatro papeles sobre los que se ha impreso algunas definiciones extraídas de diccionarios diferentes – Horizontes impresos (Definición del Diccionario RAE), 2016 y Horizontes impresos (Definiciónn del Diccionario Larousse 2000), 2016, entre otras. Y después dos composiciones fotográficas que unen tiempos y miradas diversas para concebir, en gris y azul, la nea fragmentada I (2016) y la Línea fragmentada II (2016). O, aún, Tres momentos, tres lugares, un horizonte I (2016) y Tres momentos, tres lugares, un horizonte II (2016) que, si por un lado recuerdan la crítica a la representación abordada por Kennet Josephson mediante un desplazamiento de la naturaleza realista (el artista recurre de hecho al recurso de la fotografía en la fotografía), por el otro lado ofrecen un desglose en tres partes, una maqueta que juega con el concepto deleuziano de repetición diferente. Curada por Luis Velázquez, la individual de Brea, entre palabras y cosas, entre intelecto y realidad, cautiva la mirada del público para trasladarlo a una atmósfera fascinante, para encantarlo con la fuerza del arte, para sumergirlo en un lugar donde todo se vuelve ligero, precioso.

Una línea imaginaria de Hayfer Brea en el MAC-Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (Venezuela).

Por Antonello Tolve. Publicado originalmente en www.artshake.com, el 8 de junio de 2016.


HAYFER BREA
Museo de Arte Contemporáneo / La Caja del Centro Cultural Chacao

Por su consecuente, lúcido y permanente trabajo de investigación plástica, Hayfer Brea (Caracas, 1975) es, hoy por hoy, uno de los artistas contemporáneos venezolanos de mayor relevancia. Su trayectoria se ha destacado por la solidez de sus propuestas, basadas en una indagación del paisaje como tema de las artes, y por su interés en subvertir y replantear nuevos modos de abordarlo.
Su primer acercamiento a este tema fue a través del estudio reiterado de la montaña. Desde hace algunos años, no obstante, Brea tornó su investigación hacia los cuerpos de agua, sobre todo el mar Caribe, y los lagos de Valencia y Maracaibo. Este acercamiento ha originado ya numerosas obras y exposiciones, entre las cuales “Una línea imaginaria” y Registro de Territorio” son las más recientes.
A pesar de haberse mostrado casi simultáneamente, ambas muestras difirieron notablemente, tanto en la aproximación que hizo el artista al estudio y representación de los cuerpos de agua como en las resoluciones plásticas propiamente dichas.
En “Una línea imaginaria”, Brea reflexionó sobre el horizonte, elemento inseparable de la noción de paisaje, valiéndose de los recursos del arte contemporáneo en sus tendencias más conceptuales.
La exposición estuvo conformada por ocho piezas impecablemente presentadas. En Línea pétrea, Línea quemada y Horizonte contenido, el artista estableció juegos visuales entre el tema del horizonte marino, planteado como línea, y los materiales utilizados en la elaboración de la obra –piedras y agua de mar, propios de la costa, o relativos al oficio del pintor, como el carboncillo-. En Línea pétrea, por ejemplo, Brea juntó piedras grises que tenían una inclusión lineal de materia blanca. Colocándolas una junta a la otra sobre la pared, logró formar un trazo horizontal de extrema sutileza. En Línea quemada utilizó trozos de carboncillo para crear una línea negra sobre la pared, accediendo, en esa especie de tautología visual, a una representación mínima del paisaje.
Otro grupo de obras, como Tres momentos, tres lugares, un horizonte y Línea fragmentada, se valen de la fotografía como medio para recomponer el horizonte a partir de varias vistas de un único paisaje o de diversos paisajes. Estas fragmentaciones y estos distanciamientos sitúan al espectador a medio camino entre la contemplación tradicional del horizonte y su aprehensión como concepto y re-creación.
Por último, la pieza Horizontes impresos y los videos Una línea imaginaria y En lontananza buscan establecer juegos semánticos, introduciendo la palabra escrita como recurso tautológico.
La exposición “Registro de Territorio” forma parte de un proyecto de amplio alcance. Reunió, como su nombre lo indica, los asientos fotográficos de las acciones performáticasque el artista llevó a cabo en los lagos de Valencia y Maracaibo. En estas, Brea introducía una hoja de papel en varios parajes de estos lagos, permitiendo que el agua dejara, a modo de acuarela, su mancha horizontal sobre el soporte. Las fotos muestran el momento en el que el artista sumerge la hoja en el agua, por lo que él forma parte también de la imagen. En estas piezas, Brea subvierte los modos de representación, haciendo que el paisaje mismo deje su impronta plástica sobre el soporte y subrayando, al mismo tiempo, la intervención mediadora del artista en el proceso de “representación”. Considero este trabajo su aproximación más arriesgada en su investigación sobre los modos inéditos de estudio y representación del paisaje, por cuanto reflexiona sobre los mecanismos que encubre esta representación, desnudando sus estrategias fundamentales.
“Registro de Territorio” incluye como acción, no sólo los registros, sino el entramado de numerosos recorridos, las reiteradas visitas, y las acciones logísticas que se llevan a cabo para lograrlos.

Katherine Chacón.
Revista Artnexus N˚ 103 Dic – Feb 2016
Crónicas. Caracas / Venezuela. Páginas 106-107.


Otros links de interés:

Impregnado, 2015.








- Soporte Fotográfico, Galería Spazio Zero, Caracas.
26 de Noviembre de 2015 - 6 de Marzo de 2016.

Impregnado, 2015.


















- Artista invitado al 5to Octubre Joven, Museo de Arte de Valencia, Valencia, Edo. Carabobo, Venezuela.
16 de Octubre - 13 de Diciembre 2015.

INMERSO EN EL TERRITORIO [primer registro indicial en el Mar Caribe], 2015. (Artista invitado a MéridaFoto 2015).












- MéridaFoto 2015, 3er Salón Nacional de Proyectos Fotográficos Espacio GAF 2015 e Invitados: Ricardo Arispe, Hayfer Brea, Costanza de Rogatis, Lourdes Peñaranda, Colectivo GLAC. Centro Cultural Tulio Febres Cordero, Museo de Arte Moderno, Mérida, Venezuela.
2 de Octubre - 31 de Octubre de 2015.

Aquí una breve reseña de lo que fue MéridaFoto 2015 por Wilson Prada: http://www.espaciogaf.com/meridafoto-2015-otra-edicion-que-nos-une-por-wilson-prada/3805

Registro de Territorio, Porción de paisaje N˚1 (Rio Guaire, Chuao, Caracas), 2015.











- La Duda: Interrogantes en torno al conceptualismo del cuerpo en Venezuela. Bienal Internacional de Performance de Caracas BIPCA 2015, P3 Plataforma Para Performance, Centro de Arte El Hatillo, Caracas.
15 de Julio - 16 de Agosto de 2015.

Caribe Negro, 2015.













- Colectiva 07-15, Galería Spazio Zero, Caracas.
6 de Agosto - 4 de Octubre 2015

INMERSO EN EL TERRITORIO [primer registro indicial en el Mar Caribe], 2015.



























- Premio Eugenio Mendoza #12+1, Sala Mendoza, Caracas.
25 de Enero - 12 de Abril 2015.


Yo no consideraba el cuerpo como un soporte para la obra.
Todo lo contrario, es la incorporación del cuerpo en la obra y de la obra en el cuerpo.
Helio Oiticica.

«Esta idea que presento es una progresión de mi proyecto Registro de Territorio, una obra procesual e indicial en la que se realizan recorridos geográficos que abarcan y exploran la hidrografía de una región particular, llevando a cabo una serie de inmersiones de papeles de acuarela en lagos, ríos y mares, trazando una línea de horizonte. Es decir: la parte sumergida, al humedecerse, se ha impregnado de paisaje, dejando una huella como consecuencia y registrando una porción de territorio, mediante una acción performática y el registro fotográfico de todos los procesos, contextos y experiencias en torno a esta acción.
Estos registros doblemente indiciales son,  por una parte, huellas que devinieron de la acción de sumergir el papel en el agua que, al marcarse, hacen referencia directa a la acción de la que proceden. Pero, por otro, todo el registro fotográfico que se realiza a la acción en sí, en tanto fotografía, son una huella, un registro de la realidad.
La singularidad de esta acción realizada para INMERSO EN EL TERRITORIO [primer registro indicial en el Mar Caribe] es que se prescindió del papel, usando directamente el cuerpo. Mi mano, luego de sumergirse en el mar, al mojarse, se impregnó de paisaje, registrando una porción de territorio. Esta variación (mucho más corporal) deviene de la interacción directa con el paisaje y por consciencia adquirida en estas experiencias, haciendo de esta acción en sí misma una vivencia indicial: un registro corporal.
Como consecuencia, y yendo más allá, ahora incorporo al espectador, ya que mi interés es propiciar en la sala que mi vivencia se potencie y se extienda a todas aquellas personas que deseen experienciar simbólica y corporalmente la acción de impregnarse de paisaje: mojarse la mano de Mar Caribe, registrar fotográficamente este simulacro ante la representación del paisaje y, además, expandir estos registros en la dimensión global de internet»

Hayfer Brea


“INMERSO EN EL TERRITORIO [PRIMER REGISTRO INDICIAL EN EL MAR CARIBE]

La materia fundamental en este proyecto de Hayfer Brea es el agua, pero no como concepto. El artista propone una triple experiencia de la liquidez: la que se ve registrada en su estado natural, con la acción de sumergir la mano; la del espectador que, desatendiendo su posición pasiva, se integra a la obra colocando su mano en el dispositivo donde está el agua traída del espacio registrado; la tecnológica, donde una Tablet en tiempo real capta y publica a través de Twitter el momento en que se realiza toda la acción.
Estas tres fases que constituyen la estructura de la obra abren un portal vinculante capaz de sacar a la obra del espacio físico de la sala. La fotografía, por sí sola, ya tiene una potencia sensible capaz de trasladarnos, pero al incluir el gesto, la experiencia de sentir el agua –haciéndola, además, accesible y masiva- se hace de la obra un altavoz con un profundo alcance. Digamos que en la obra, más que la liquidez de una materia o un conjunto de referentes culturales y geográficos, se experimenta la elasticidad del tiempo y el espacio, la liquidez como materialidad, incluso como transporte.
La noción de traslado toma una consideración importante aquí. Vivenciar el Caribe desde el arte de la integración y no de la mera contemplación, supone un movimiento mental y corporal, un verdadero acto escapista.”

Extracto del texto curatorial MATERIA Y MATERIALIDAD: CLAVES PARA INTERPRETAR LA OBRA DE LOS TRECE ARTISTAS DEL PREMIO EUGENIO MENDOZA 12+1 de David Domínguez Michelangeli.

- Link a la página prodavinci.com con una entrevista realizada a los partipantes del Premio Eugenio 12+1
https://www.google.co.ve/urlsa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=9&ved=0ahUKEwiCy6z9qdjMAhUH0h4KHQAUCDYQFgg6MAg&url=http%3A%2F%2Fprodavinci.com%2Fblogs%2F4-hayfer-brea-entrevistas-a-los-participantes-en-el-premio-eugenio-mendoza-121%2F&usg=AFQjCNF2ANHCeqo6n-euhJXYvz60-_K8Pw&sig2=Fe6SusmD8ZTuoeLavHBEZA

Porción de Territorio: 6.- Punta Palmita, 2014.

















- PANORÁMICA ARTE EMERGENTE en VENEZUELA 2000/2012, Sala Trasnocho Arte Contacto (TAC), Trasnocho Cultural, Caracas.
2 de Octubre - 16 de Noviembre de 2014.


Resquicios fluviales de ciudad, 2014.




 Quebrada Baruta



 Quebrada Catuche







-Caracas 2014, Galería D`Museo. Centro de Arte Los Galpones, Caracas.
6 de Julio - 17 de Agosto 2014.

"Caracas 2014"

La modernidad rompió la profunda vinculación existente entre el arte venezolano y la cuidad de Caracas, aluna obra quedó de todos esos años transcurridos después de la Escuela de Caracas, donde la ciudad, su entorno y el paisaje fueron el elemento central, hasta la instalación de la postmodernidad. Luego, otros fueron los temas dominantes. Pretendemos ahora aproximarnos a una lectura abierta de la Caracas de 2014, desgarrada, deteriorada, insegura, con artistas nóveles junto a maestros indiscutidos del arte contemporáneo venezolano. Esa mezcla generacional y las lecturas abiertas, saliéndonos de lo panfletario para respetar los valores de la plástica dan una visión múltiple de la ciudad. Algunos artistas nos presentan a la violencia como tema central, porque es lo que acogota a los ciudadanos y lo hacen desde lo estético como Teresa Mulet con sus obras contabiliza de forma casi obsesiva y polimorfa a las víctimas de la violencia caraqueña, o Violette Bulé que escenifica un episodio que conmovió a los caraqueños como fue la indiferencia ante la muerte del conductor de un camión refrigerado que transitaba por la autopista Francisco Fajardo, y que agonizó ante todo un grupo numeroso de motorizados, indiferentes, que dejando fallecer a la víctima, y en vez de ayudarlo, se dedicaron a saquear al camión lleno de carne. O Juan Toro, que utiliza el masivo uso de equipos de represión policial para construir obras donde se pone en relieve el carácter masivo y casi cotidiano de la lucha contra la ciudadanía por parte del poder. Otros abordan el tema desde una perspectiva arquitectónica, como Alí González, cuya obra muestra metafóricamente el deterioro de la estética modernista de Caracas y con ello, los valores de la racionalidad moderna urbana para generar destrucción sin reconstrucción. Aureliano Parra con sus utópicas construcciones ciudadanas a partir de lo existente, reinterpretando con sus minuciosos ensamblajes de acetato o fotografías, Flix, que interviene el espacio común para recrear la necesidad de la presencia del arte como un valor espiritual de la ciudad cuando pinta parte de ella, como protegiéndola con el ritual artístico de su obra urbana. Gabriel Pérez construye diarios visuales, como bitácoras de viaje a partir de las imágenes con las gomas que talla afanosamente cuando se desplaza por la ciudad y nos va contando así su cotidianidad, día tras día, o Augusto Marcano que transmuta a los caraqueños en objetos blancos que deambulan por la urbe con el fin de apropiarse del espacio público degradado, contrastando la sordidez de lo colectivo con la pureza de lo privado. Emilio Narciso con sus obsesivas deconstrucciones de fotografías y postales de la ciudad moderna, con la intención de reconstruir lo que ha destruido la realidad, y tratando de crear una suerte de plano de reconstrucción de la memoria urbana como exorcismo para salvar lo que no debió ser destruido. Por su parte Hayfer Brea, nos muestra lo que es eterno en la ciudad, lo que está por encima de la diatriba cotidiana como lo es El Ávila, que nos protege y nos da identidad, del cual nacen quebradas de aguas limpísimas en la utópica ciudad moderna. Lo mismo hace Consuelo Méndez, quien con sus contrastaciones a partir de la pintura y la fotografía sobre la flora caraqueña nos enseña el camino de salvación que siempre le hemos pedido a lo visible. Miguel von Dangel, Nelson Garrido y Carlos Zerpa, a partir de su monumental obra son aquí agasajados y ellos a su vez abren el capote de su generosidad para acompañar a los jóvenes artistas, que quizás algún día lleguen al sitial que ellos se han ganado por derecho propio en la Historia del Arte venezolano.

Nicomedes Febres. 



Reflejo de nuestra decadencia, 2014.





-XV Bienal de Miniaturas Gráficas Luisa Palacios 2014, Galería CAF / TAGA, Caracas.
10 de Mayo - 02 de Agosto 2014.
Galería Jaime Sánchez, Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena, Valencia, Edo. Carabobo.
05 al 26 de Marzo 2015.


Esta obra obtuvo Mención de Honor.